Luego del fatídico descenso
del club más grande de la Argentina a la Primera B Nacional, como era de esperarse, vino
el inmediato ascenso a la
Primera A de la mano de Matías Almeyda, conductor del plantel
que sacó a River del peor momento de su historia.
Como Riverplatense puedo decir que viví el peor momento
de la historia del club. No viví la Libertadores ni la Intercontinental
de 1986, no viví los ’40 de La
Máquina, mis recuerdos del Enzo Francescoli son precarios ya
que nací en 1993 y la
Libertadores la ganamos en 1996, pero esa vez sin
Intercontinental, que quedó en manos de la Juventus. La Juve,
otro equipo (el más grande de su país), actual campeón de Italia, que descendió
(por arreglar partidos) y ascendió al año siguiente, con un jugador que metió
el gol del ascenso, llamado Trezeguet. El mismo David que fue figura en la
segunda mitad del peor año de River. Otro grande de su país es el América de
Cali, equipo colombiano que tuvo la desgracia de descender a la segunda división
por primera vez, pero que está a punto de ascender (se define el 3/7 contra
Unión Magdalena). Como dije anteriormente, soy jóven y no viví las épocas
gloriosas de River, al contrario, viví el peor momento de su historia, la
presidencia de Aguilar, la campaña de Israel, el despido de Delem como visor de
inferiores, malas transferencias, regalar jugadores, eso fue lo que llevó a
River a la B. No tendré el orgullo de decir: “Vi a River campeón del mundo”,
pero tengo el orgullo de decir: “Vi a River en su peor momento de la historia y
nunca lo abandoné, lo seguí a donde pude, lo fui a alentar en cada partido, y
lo más importante, soy más hincha que antes”.
Días después del descenso, tomado por mucha gente como
una muerte, Matías Almeyda se retiró como jugador y asumió como técnico, aunque
no tenía el título pero había empezado el curso. El fue quien llevó adelante
esto y se cargó la mochila más pesada de todas, que contenía la presión de la
hinchada más seguidora, de los medios, y otra presión gigante: la de la
historia del club más grande de Argentina. Al Pelado lo acompañaron dos
refuerzos inmediatos al descenso, que estaban fuera del país pero al ser
grandes amigos e hinchas, se enteraron del descenso y al término del partido de
la promoción que terminó 1 a
1 contra Belgrano, hablaron por teléfono y plantearon resignar mucho dinero
para volver al país y al club de sus amores. Ellos son Fernando Cavenaghi y
Alejandro el Chori Domínguez, los dos refuerzos de renombre en el club que
tuvieron un pasado exitoso y volvían para repetirlo. Ellos también se pusieron
encima, al igual que el Pelado, una mochila llena de responsabilidad. La figura
de la primera mitad de temporada fue, sin dudas, Cavenaghi, que volvió a ser el
Cavegol de la gente, que mete goles en todos los partidos y cuyo festejo
incluye un beso a la camiseta demostrando su amor por el club al igual que su
tatuaje parafraseando “En las malas mucho más 14”. Tuvo grandes actuaciones
como contra Atlanta, hattrick y dio asistencias para que otro convierta, o contra
Gimnasia de Jujuy, 4 goles, un gol clave ante Central, un doblete ante
Guillermo Brown, lo cierto es que metió 19 goles en 37 partidos, más de medio
gol por partido. Su figura se vio opacada en la segunda mitad con la llegada de
otro punta, David Trezeguet, que se desempeño muy bien de cabeza en las pelotas
paradas o en los centros, y mostró una gran simpleza a la hora de dar pases.
Además de tener mucha humildad al hablar del objetivo del equipo. Ponzio fue el
otro refuerzo que llegó a mitad de temporada junto con el franco-argentino. Se
destacó como doble cinco a la par de Cirigliano, y no anduvo bien en la
posición de cuatro, en donde el director técnico lo obligó a jugar debido a la
ausencia de Vella.
Un jugador que se mantuvo
regular con su presencia, asistencias y goles fue la otra figura del tridente
ofensivo, el Chori Domínguez, que tiene tatuado el escudo en el brazo derecho,
aunque hay que rescatar que a lo último, su rendimiento bajó debido a que la
presión por ascender aumentaba.
Hay que rescatar que muchos integrantes del plantel
profesional eran juveniles salidos del club, como Chichizola, los mellizos
Funes Mori, Cirigliano, González Pirez, Ocampos, el Keko Villalba, Abecasis,
Pezzella, etc. y se bancaron muy bien la constante presión que partido a
partido iba incrementando. Hubo, también, varios jugadores experimentados que
formaron parte del plantel, como por ejemplo Vega, Maidana, Juan Manuel Díaz,
Vella, Ponzio, Sánchez, Aguirre, Arano, etc.
En la segunda mitad de temporada, River no fue el mismo
que en la primera mitad, y es lógico. Aunque la mentalidad ofensiva del técnico
se mantuvo y los cambios nunca dejaron de ser defensor por volante, volante por
delantero, delantero por delantero, o un cambio de esquema: pasar del 4-3-1-2
al 3-4-1-2 ó 3-4-3. Lo que nunca tuvo River fueron laterales que tiren buenos
centros, le faltó cerrar los partidos y esto lo perjudicó en los últimos
minutos, dejando varios puntos en el camino que lo pudieron haber ascendido
fechas antes del cierre del torneo. No hay que quitarles mérito a los demás
equipos que estaban peleando por ascender, ya que Instituto, Quilmes y Central,
lograron una gran campaña.
River fue el equipo más goleador de la B Nacional con 66
goles, 19 los convirtió Cavenaghi, el goleador del equipo. Para ascender, tuvo
que sortear muchas dificultades y obstáculos, aunque no solo el equipo, la
gente también. El equipo tuvo que soportar que los rivales salgan a jugar el
partido de sus vidas, ya que con River no se juega todos los días y la mayoría
de los contrincantes eran equipos que nunca habían jugado contra River ó que
jugaron pero hace mucho tiempo, también tuvo que soportar la presión de la
hinchada más seguidora que llenó todas las canchas en donde jugó, tanto en
Buenos Aires como en Corrientes o Puerto Madryn, tuvo que soportar que en el
día a día no se deje de hablar de su situación en los medios, inventos de
peleas entre los ídolos, críticas elevadas a Almeyda por cambios que no daban
frutos, pero cuando hacía cambios buenos en el partido, nadie lo rescataba. Y
la gente, la hinchada, tuvo que soportar muchísimas cosas que hacen enojar a
cualquier ser humano: cambios repentinos de cancha, miles de kilómetros para
recorrer, determinación de reducir la capacidad del Monumental por parte del
Gobierno de la Ciudad,
jugar a puertas cerradas, jugar en cancha de San Lorenzo como local, jugar en
Vélez como local, los molestos canjes de entradas, gente afuera en canchas por
falta de lugar, etc.
Muchos periodistas sostuvieron en su momento que River
tenía que formar un equipo con jugadores que conozcan la categoría, porque sino
no ascendía. Hubo otros periodistas que dijeron que no había descendido, sino
que la B Nacional
había ascendido. Por muchos años estuvo prohibido el acceso de público visitante,
pero River logró que se retrotraiga la prohibición y llevó 12 mil personas a
Mendoza (Vila es el presidente de Independiente Rivadavia y lo permitió para
boicotear a Grondona) bajo la categoría de “Público Neutral” en donde si te
veían con una camiseta de River te la sacaban y la tenías que ir a buscar a la
comisaría, llevó 30 mil personas a Córdoba, etc. Sin dudas, se revolucionó la
categoría con la llegada del más grande, hubo muerte y resurrección para un
club que ya no va a poder decir que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero tiene
más autoridad que nunca para decir “en las buenas y en las malas mucho más”.
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| Y te arrodillarás. |

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