sábado, 30 de junio de 2012

River, la resurrección



Luego del fatídico descenso del club más grande de la Argentina a la Primera B Nacional, como era de esperarse, vino el inmediato ascenso a la Primera A de la mano de Matías Almeyda, conductor del plantel que sacó a River del peor momento de su historia.
            Como Riverplatense puedo decir que viví el peor momento de la historia del club. No viví la Libertadores ni la Intercontinental de 1986, no viví los ’40 de La Máquina, mis recuerdos del Enzo Francescoli son precarios ya que nací en 1993 y la Libertadores la ganamos en 1996, pero esa vez sin Intercontinental, que quedó en manos de la Juventus. La Juve, otro equipo (el más grande de su país), actual campeón de Italia, que descendió (por arreglar partidos) y ascendió al año siguiente, con un jugador que metió el gol del ascenso, llamado Trezeguet. El mismo David que fue figura en la segunda mitad del peor año de River. Otro grande de su país es el América de Cali, equipo colombiano que tuvo la desgracia de descender a la segunda división por primera vez, pero que está a punto de ascender (se define el 3/7 contra Unión Magdalena). Como dije anteriormente, soy jóven y no viví las épocas gloriosas de River, al contrario, viví el peor momento de su historia, la presidencia de Aguilar, la campaña de Israel, el despido de Delem como visor de inferiores, malas transferencias, regalar jugadores, eso fue lo que llevó a River a la B. No tendré el orgullo de decir: “Vi a River campeón del mundo”, pero tengo el orgullo de decir: “Vi a River en su peor momento de la historia y nunca lo abandoné, lo seguí a donde pude, lo fui a alentar en cada partido, y lo más importante, soy más hincha que antes”.
            Días después del descenso, tomado por mucha gente como una muerte, Matías Almeyda se retiró como jugador y asumió como técnico, aunque no tenía el título pero había empezado el curso. El fue quien llevó adelante esto y se cargó la mochila más pesada de todas, que contenía la presión de la hinchada más seguidora, de los medios, y otra presión gigante: la de la historia del club más grande de Argentina. Al Pelado lo acompañaron dos refuerzos inmediatos al descenso, que estaban fuera del país pero al ser grandes amigos e hinchas, se enteraron del descenso y al término del partido de la promoción que terminó 1 a 1 contra Belgrano, hablaron por teléfono y plantearon resignar mucho dinero para volver al país y al club de sus amores. Ellos son Fernando Cavenaghi y Alejandro el Chori Domínguez, los dos refuerzos de renombre en el club que tuvieron un pasado exitoso y volvían para repetirlo. Ellos también se pusieron encima, al igual que el Pelado, una mochila llena de responsabilidad. La figura de la primera mitad de temporada fue, sin dudas, Cavenaghi, que volvió a ser el Cavegol de la gente, que mete goles en todos los partidos y cuyo festejo incluye un beso a la camiseta demostrando su amor por el club al igual que su tatuaje parafraseando “En las malas mucho más 14”. Tuvo grandes actuaciones como contra Atlanta, hattrick y dio asistencias para que otro convierta, o contra Gimnasia de Jujuy, 4 goles, un gol clave ante Central, un doblete ante Guillermo Brown, lo cierto es que metió 19 goles en 37 partidos, más de medio gol por partido. Su figura se vio opacada en la segunda mitad con la llegada de otro punta, David Trezeguet, que se desempeño muy bien de cabeza en las pelotas paradas o en los centros, y mostró una gran simpleza a la hora de dar pases. Además de tener mucha humildad al hablar del objetivo del equipo. Ponzio fue el otro refuerzo que llegó a mitad de temporada junto con el franco-argentino. Se destacó como doble cinco a la par de Cirigliano, y no anduvo bien en la posición de cuatro, en donde el director técnico lo obligó a jugar debido a la ausencia de Vella.
Un jugador que se mantuvo regular con su presencia, asistencias y goles fue la otra figura del tridente ofensivo, el Chori Domínguez, que tiene tatuado el escudo en el brazo derecho, aunque hay que rescatar que a lo último, su rendimiento bajó debido a que la presión por ascender aumentaba.
            Hay que rescatar que muchos integrantes del plantel profesional eran juveniles salidos del club, como Chichizola, los mellizos Funes Mori, Cirigliano, González Pirez, Ocampos, el Keko Villalba, Abecasis, Pezzella, etc. y se bancaron muy bien la constante presión que partido a partido iba incrementando. Hubo, también, varios jugadores experimentados que formaron parte del plantel, como por ejemplo Vega, Maidana, Juan Manuel Díaz, Vella, Ponzio, Sánchez, Aguirre, Arano, etc.
            En la segunda mitad de temporada, River no fue el mismo que en la primera mitad, y es lógico. Aunque la mentalidad ofensiva del técnico se mantuvo y los cambios nunca dejaron de ser defensor por volante, volante por delantero, delantero por delantero, o un cambio de esquema: pasar del 4-3-1-2 al 3-4-1-2 ó 3-4-3. Lo que nunca tuvo River fueron laterales que tiren buenos centros, le faltó cerrar los partidos y esto lo perjudicó en los últimos minutos, dejando varios puntos en el camino que lo pudieron haber ascendido fechas antes del cierre del torneo. No hay que quitarles mérito a los demás equipos que estaban peleando por ascender, ya que Instituto, Quilmes y Central, lograron una gran campaña.
            River fue el equipo más goleador de la B Nacional con 66 goles, 19 los convirtió Cavenaghi, el goleador del equipo. Para ascender, tuvo que sortear muchas dificultades y obstáculos, aunque no solo el equipo, la gente también. El equipo tuvo que soportar que los rivales salgan a jugar el partido de sus vidas, ya que con River no se juega todos los días y la mayoría de los contrincantes eran equipos que nunca habían jugado contra River ó que jugaron pero hace mucho tiempo, también tuvo que soportar la presión de la hinchada más seguidora que llenó todas las canchas en donde jugó, tanto en Buenos Aires como en Corrientes o Puerto Madryn, tuvo que soportar que en el día a día no se deje de hablar de su situación en los medios, inventos de peleas entre los ídolos, críticas elevadas a Almeyda por cambios que no daban frutos, pero cuando hacía cambios buenos en el partido, nadie lo rescataba. Y la gente, la hinchada, tuvo que soportar muchísimas cosas que hacen enojar a cualquier ser humano: cambios repentinos de cancha, miles de kilómetros para recorrer, determinación de reducir la capacidad del Monumental por parte del Gobierno de la Ciudad, jugar a puertas cerradas, jugar en cancha de San Lorenzo como local, jugar en Vélez como local, los molestos canjes de entradas, gente afuera en canchas por falta de lugar, etc.
            Muchos periodistas sostuvieron en su momento que River tenía que formar un equipo con jugadores que conozcan la categoría, porque sino no ascendía. Hubo otros periodistas que dijeron que no había descendido, sino que la B Nacional había ascendido. Por muchos años estuvo prohibido el acceso de público visitante, pero River logró que se retrotraiga la prohibición y llevó 12 mil personas a Mendoza (Vila es el presidente de Independiente Rivadavia y lo permitió para boicotear a Grondona) bajo la categoría de “Público Neutral” en donde si te veían con una camiseta de River te la sacaban y la tenías que ir a buscar a la comisaría, llevó 30 mil personas a Córdoba, etc. Sin dudas, se revolucionó la categoría con la llegada del más grande, hubo muerte y resurrección para un club que ya no va a poder decir que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero tiene más autoridad que nunca para decir “en las buenas y en las malas mucho más”.

Y te arrodillarás.

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