sábado, 15 de septiembre de 2012

Sergio Maravilla Martínez

1980. Quilmes. Padre obrero. Madre ama de casa. Tres hijos pequeños. Uno de ellos es Sergio Martínez. La cena para los chicos: mate cocido con leche.
1989. Claypole. El hijo mayor tiene que hacer el servicio militar, por eso Sergio abandona la escuela y con 14 años acompaña a su papá para trabajar de techista. La noche de su primer día de trabajo la mamá le cambió el mate cocido por un plato de comida.
Juega a la pelota en Club Claypole y también boxea. Su tío, un ex pugin, le dice: “como jugador de fútbol sos buen boxeador”. Sergio ve que su salida son sus puños.
Ya tiene 17 años. Sigue entrenando y haciendo techo propio de otros. Está sentado junto a su primo “El Chule”, mira al horizonte y le dice: “voy a pelear en el Madison Square Garden, voy a pelear en las vegas, ¿Y sabés qué?, voy a ser campeón mundial de boxeo. Esa noche voy a brindar con una botella de champagne”.
1997. Primera pelea profesional. Ituzaingó. Un gimansio casi vacío. El enemigo es Vivas. Martínez termina con los brazos en alto. De ahi siguen 16 triunfos. Sergio ya era Maravilla.
De Claypole a Las Vegas. Lujoso hotel Mandalay Bay. Enfrente, el mexicano Antonio Margarito. Margarito le da una paliza. Siente que hace malabares en un terremoto. Pierde en el séptimo por knockout técnico. Su consuelo es cobrar 25 mil dólares. Sólo le dan 900. Vuelve con los bolsillos vacíos, la cara hinchada y una mano rota.
Argentina. El médico da su veredicto: “ni te digo que vuelvas a boxear, quizás nunca más vuelvas a escribir con la mano zurda”. Durante 9 meses entrena en el patio de su casa sólo con la mano derecha pegándole a una bolsa.
25 de mayo. 2001. Ciudad, 9 de Julio. Maravilla es visitante y se lo hacen sentir. Está en un vestuario de 3 por 2, inundado. 10 centímetros de agua en el piso, una camilla y una silla. Las paredes sin reboque. Se mira y siente que más bajo no puede caer. Piensa: “este es el comienzo”. Gana por knockout con una sola mano.
2002. Es campeón argentino pero sigue como techista. La crisis lo expulsa como a muchos argentinos. Elige ir a España con su novia pero compra un boleto a Roma porque es tres veces más barato. Tarda tres días en llegar a Madrid. En su bolsillo sólo hay 1900 dólares para los dos.
Llama al boxeador Pablo Sarmiento, que los ubica en un piso. Casi una pensión. Para pagarlo trabaja en una disco como patovica, da clases en tres gimnasios, es personal trainer y baila en la tarima de un boliche. Ah, también entrena. Vivir sin papeles en España es como vivir con la mitad del sueldo de un español. La policía respirándote en la nuca. Maravilla camina por una avenida, trata de esquivar el patrullero pero no puede escapar. Llega a la comisaría. Un policía le grita en la cara: “yo me voy a encargar de que te vuelvas a tu puto país, ilegal”. Sus visitas al calabozo son varias.
Comienza a vivir solo. El dinero le alacanza sólo para pagar el techo y nada más. Domingo a la mañana, se pone una gorra, anteojos negros y se sube la solapa. Llega a la iglesia y pide comida en Cáritas junto a los mendigos. Cada domingo lleva a su casa lo que comería en la semana.
Suena el teléfono en el gimnasio. Sergio atiende:
-Tenés una pelea en una semana en Inglaterra.
-¿Una semana?, es imposible, no estoy en forma.
-Mirá que hay 12 mil dólares.
-Ok, peleo.
-¿No querés saber contra quién?
-No, no importa. Por esa plata, si es Tyson, le peleo igual.
21 de junio. 2003. Manchester. El lugar donde los visitantes no ganan. Su padre viaja a verlo. Un tal Williams es su rival. Tercer round, besa el suelo. Desde el piso ve a su papá y siente vergüenza. Dice: “ahora te mato”.
Sexto round, recibe un golpe abajo y le quiebran dos costillas. Tiene un protector bucal de 3 euros, una herradura en la boca, no paran de sangrarle las encías. Ahora Maravilla no para de pegar. Ultimo round, faltan 10 segundos, Williams al suelo. Termina agonizando. The winner is Sergio Maravilla Martínez.
De allí, su carrera no para. Voltea muñecos. Le llega la chance por el título. 2008. California. El campeón es el congoleño Alex Bunema. Maravilla le pega como a poca gente. Octavo round. Zurda como mazazo a la cara. Al congoleño no le alcanza el ring para caer. La toalla vuela. Maravilla es Campeón del Mundo del Consejo Mundial. En Argentina nadie se entera.
2009. El techista ya tiene su propio techo en Madrid, pero viaja a Buenos Aires para uno más importante. Le compra una casa a su mamá y otras para cada uno de sus hermanos.
17 de abril. 2010. El pibe que compró un pasaje de oferta a Roma llega en limusina al Estadio de Atlantic City. El campeón mundial de la OMB, el pelado Pavlik, termina con la cara roja y la ceja rota. El campeón es, otra vez, Maravilla Martínez. Los grandes lo siguen esquivando. Los diarios argentinos ya no.
21 de noviembre. Atlantic City. Va por Paul Williams. Con el que perdió una vez. Segundo round. Zurdazo, el negro cae como una torre. Está en la lona con la cabeza de lado y los ojos todavía abiertos. Por minutos sigue en el piso. La imagen recorre el mundo. Es el knockout del año. Chávez lo sigue esquivando.
17 de marzo. 2012. Nueva York. Madison Square Garden. Día de San Patricio. El rival es de Irlanda y se apellida McCain. El estadio es todo verde. Maravilla camina hacia el ring. Grita como loco. Por fin el Madison. Los irlandeses no paran de isultarlo. McCain termina con el rostro desfigurado y el ojo bordó. Chávez ya no puede decir que no.
15 de septiembre. 2012. Llegó la noche que soñó el pibe de Claypole. Las Vegas. El título del mundo más importante. Enfrente, por fin está Chávez. Esta noche Maravilla anhela descorchar ese champagne que imaginó 20 años atrás.
Maravilla Martínez, una foto del pibe que llegó de Quilmes a Las Vegas.


Julio Leiva - Cheque en Blanco - Vorterix 

 

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